En FARO, el especialista en tecnología e innovación planteó la necesidad de construir ecosistemas basados en la confianza, advirtió sobre los riesgos de delegar decisiones en la inteligencia artificial y analizó los intereses detrás de algunos temores sobre su avance.
La tercera edición de FARO en Rosario puso a la tecnología y la innovación en el centro del debate estratégico. En ese marco, Juan Pablo Cosentino propuso cambiar la mirada sobre la digitalización productiva y pasar de una lógica centrada en la defensa a otra capaz de generar nuevas herramientas, capacidades y oportunidades.
“Propusimos una mirada más que de escudo, de fragua; de que la tecnología pueda servir tanto defensivamente como proactivamente a desarrollar herramientas y capacidades para generar valor”, explicó el especialista.
Para Cosentino, este cambio requiere dejar atrás una visión exclusivamente intraorganizacional y avanzar hacia un enfoque ecosistémico, donde las empresas y los distintos actores productivos puedan complementarse. El objetivo es que “el eslabón débil está apoyado en eslabones más fuertes que pueden ayudar a sostenerlo ante un embate del entorno”.
La confianza como motor
En esa transformación, la confianza aparece como un componente central. Compartir información y datos entre distintos actores permitiría generar respuestas frente a problemas actuales, pero también anticiparse a aquellos que todavía no existen.
“La confianza es un poco el eje que permite que haya un ecosistema donde yo pueda compartir datos para actuar como una fragua y generar nuevas respuestas a problemas que existen o no existen”, sostuvo.
Al trasladar el análisis al agro, Cosentino diferenció los modelos tradicionales y predictivos, utilizados por ejemplo para la dosificación o la pulverización variable, del avance de la inteligencia artificial generativa.
Allí ubicó uno de los principales desafíos: evitar que la facilidad de acceso a respuestas termine desplazando el criterio humano. “Cuando abundan las respuestas, el desafío está en tener el mejor criterio para elegirlas”, planteó.
En ese sentido, llamó a “no delegar cognitivamente” y recordó que estos sistemas “no buscan la verdad, sino que buscan la respuesta que más se acerque a ella o la respuesta más plausible”, por lo que el conocimiento y la capacidad de evaluación siguen siendo indispensables.
Entre riesgos y negocios
El especialista también buscó desarmar los temores alrededor de la inteligencia artificial y los dividió en tres grandes dimensiones: riesgos técnicos reales que pueden generar daños, dinámicas comerciales propias del mercado y conveniencias corporativas.
Sobre este último punto, señaló que los elevados niveles de inversión y los plazos prolongados para obtener retornos pueden incentivar estrategias destinadas a consolidar posiciones dominantes. En algunos casos, incluso, bajo argumentos vinculados con la seguridad.
También advirtió sobre la construcción de narrativas para explicar resultados económicos que no alcanzan las expectativas. “Si yo no estoy dando los resultados que prometo dar a los inversores, una excusa puede llegar a decir: ‘Bueno, me están frenando o estoy frenando por el bien de la humanidad’”, ejemplificó.
Al hacer un balance de FARO, Cosentino destacó la convocatoria y la diversidad de miradas aportadas durante el encuentro, con especial énfasis en las exposiciones de Roberto Vassolo y Andrés Malamud sobre la coyuntura económica, política y geopolítica.
Frente a un escenario atravesado por cambios tecnológicos, incertidumbre y nuevos riesgos, su planteo dejó una conclusión: la tecnología no debe ser solamente un escudo frente a las amenazas, sino una fragua desde la cual construir capacidades, generar valor y encontrar nuevas oportunidades productivas.







