La directora general de Agroactiva Rosana Nardi junto a mujeres referentes del sector analizaron el rol actual de la mujer, la complementariedad de miradas y los desafíos productivos que se avecinan. Con una visión centrada en la evolución del negocio y el desarrollo comunitario, las disertantes coinciden en que la inclusión y la diversidad son claves para el crecimiento económico y social del agro.
Nardi fue la encargada de abrir el diálogo. «No es una conversación de mujeres, sino una charla sobre el futuro del país, del mundo y del agro. Y la verdad es que se está demostrando que las organizaciones y las empresas que más evolucionan son las que incorporan nuevas miradas, nuevas vivencias y nuevas experiencias. Sin dejar de lado inteligencias y talentos desaprovechados, que es lo que a veces hacemos al no incorporar a las mujeres, creemos que el futuro tiene que ver con eso, con incorporar miradas. Y hay un dato de la FAO que me llamó mucho la atención, que dice que las organizaciones, las empresas que más se desarrollan y evolucionan son las que trabajan en incluir a las mujeres. No por el tema de la brecha de género ni de la inclusión de género, sino porque tiene que ver con incluir miradas diferentes y experiencias diferentes. Esta inclusión de las mujeres en el liderazgo de las empresas e instituciones relacionadas con el agro podría llegar a aumentar en 1,5 billones de dólares el PBI mundial, y también podría llegar a ayudar a que el hambre disminuyera».

Complementariedad, sensibilidad y el rol multitarea en la gestión
Una de las disertantes que acompañaron a Nardi en la charla sobre «lo que cambia cuando las mujeres lideran las instituciones del campo» fue Andrea Sarnari, presidenta de la Federación Agraria Argentina. La dirigente agradeció el espacio brindado por la muestra y señaló que «la incorporación de las mujeres enriquece al agro, especialmente por la capacidad de aportar desde una perspectiva distinta en un sector que históricamente ha estado muy masculinizado en los ámbitos empresarial, productivo y dirigencial». En ese sentido, detalló que las realidades son diversas según la geografía: «En la pampa húmeda, las mujeres tenemos un accionar y una actividad mucho más cercana desde lo productivo, lo empresarial, lo dirigencial, que no así en regiones más inhóspitas, más alejadas, donde hay mujeres que todavía viven en circunstancias con mucha diferencia y mucha brecha de género».
Por otra parte, respecto a las cualidades que diferencian la gestión femenina, argumentó que poseen una gran tenacidad combinada con empatía. «Tenemos un carácter bastante aguerrido y bastante difícil de torcer. Somos muy testarudas cuando estamos convencidas de algo, pero a su vez, tenemos una gran capacidad de encontrar en el otro y de demostrarle al otro mucho afecto y mucho cariño por lo que hacemos».
Para finalizar, Sarnari concluyó que no se busca competir con el varón, sino integrarse, y agradeció el respaldo de sus pares: «Yo no estaría en mi lugar si mis compañeros federados, que fueron la mayoría varones, quienes propusieron que yo estuviera en este lugar y acompañara. Digo, ellos creyeron que la institución necesitaba o quería un liderazgo diferente, y por eso hoy las mujeres tenemos esa visibilidad».

El peso de los números y la respuesta a los mercados globales
A su turno, la directora del Senasa, María Pilu Giraudo inició su intervención felicitando la gestión de Rosy Nardi al frente de Agroactiva y aportó cifras contundentes para dimensionar el impacto de la mujer en la actividad rural. «Las mujeres en el agro somos más de un cuarto de la población global. Tenemos un rol importantísimo, estamos en más del 40 por ciento de algún momento del proceso de producción de alimento», señaló. En consonancia con esto, evaluó que las dificultades actuales deben transformarse en motores de cambio: «Esas brechas importantes, en lugar de tirarnos para atrás y lamentarnos, nos muestran las enormes posibilidades que tenemos, con mejor acceso a conocimiento, a capacitación, a ser parte de equipos de trabajo».
Con respecto al contexto nacional y los desafíos productivos, describió el enorme potencial del país y la creciente complejidad de los mercados internacionales.
Por lo tanto, sostuvo que: «Son sistemas productivos que se complejizan cada vez más, no solo por la diversidad científico-tecnológica de mejorar el uso de esa tecnología para mejorar la producción, seguir cuidando el ambiente, generar posibilidades de trabajo, sino también para atender mercados que son cada vez más volátiles».
Como conclusión, Giraudo remarcó que la salida para este escenario exigente requiere indispensablemente de la unión de capacidades: «Toda esa combinación necesita justamente de las distintas miradas, de esa complementariedad y sobre todo de mucho diálogo».